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PREÁMBULO

 

La Fundación CIAPE y la Universidad Internacional Tierra Ciudadana, en conjunto con otras organizaciones y movimientos sociales, han creado la Cátedra Waldo García, La Vida al Centro, para preservar, ampliar y enriquecer con experiencias y reflexiones el pensamiento del luchador social, dirigente político, ciudadano, persona que fue Waldo Alfredo García Villarroel, Abogado, el que dedicó toda su vida a la defensa de los derechos de la vida como bienes comunes de la humanidad. No le fue ajena la lucha contra la dictadura de Pinochet, en Chile, acercándolo tempranamente a la resistencia social ante los crímenes de lesa humanidad perpetrados por el Estado en ese entonces; de manera inclaudicable abrió caminos para el diálogo y de alguna manera, a través de una memorable huelga de hambre, logró poner en firme las bases para lo que posteriormente sería la Concertación de Partidos por la Democracia, el triunfo del No, y el regreso a la democracia. Ejerció la docencia universitaria sin dejar de tener participación activa en organizaciones y movimientos sociales y fue tejiendo redes que lo llevaron al apoyo de la Convención Constitucional que escribe una nueva Carta Magna para un Chile nuevo, justo, solidario y democrático.

 

Ninguna de las múltiples ocupaciones que Waldo tuvo o desarrolló impidieron que siguiera siendo un cristiano convencido en la Fe haciendo de la bondad y entrega a los otros, un acto siempre presente, plenamente consciente. Una elección que fue profundizando a medida que iba encontrando en otros y otras, el reflejo de la creación divina. Fue al mismo tiempo un cristiano y un laico y conjugó lo mejor de un pensamiento profundamente espiritual y al mismo tiempo, terrenal y humano.

 

El contexto previo

 

La civilización actual ha entrado en una colisión frontal, el modelo de desarrollo impulsado por el dominio de la naturaleza, el racionalismo positivista y el reduccionismo de la existencia del planeta y de todos los seres vivos, no ha hecho sino degradar paulatina, pero sostenidamente la existencia de la vida. La pobreza, la exclusión, el hambre, la ausencia de derechos, la invisibilización constante de la mujer, la anulación de las minorías sexuales, religiosas, raciales, la negación del cambio climático, la migración forzosa, la corrupción, entre otros fenómenos no casuales, ha facilitado la concentración de la riqueza en pocas corporaciones multinacionales, las que extendidas por todo el planeta, acaparan también el conocimiento, la educación, la tecnología y la ciencia. La ausencia de derechos de los seres vivos ha sido la constante para la aplicación sistemática de políticas extractivitas de alto impacto, tanto en tierra como en los océanos. Mientras, el sistema internacional no ha sido capaz de impedir guerras, hambrunas, pestes, torturas, trata de personas y males que se desdibujan el rostro de la misma promesa que la humanidad hiciera el año 1948 al promulgar la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

En su mayor parte son males que existieron con anterioridad al actual sistema global que en algunos casos persisten, como son las guerras por el control geopolítico de las naciones y de los Estados. En otros casos se vuelven peores tal como sucede con daño ecológico, el calentamiento global y el exterminio de especies de la flora y fauna del planeta, así como también es posible advertir avances que se constituyen el legado del siglo XX como ha sido el proceso de sindicalización de los trabajadores urbanos y de los logros, aunque ahora disminuidos, de las diferentes reformas agrarias que se implementaron en el continente.

 

El Siglo XX fue una era civilizatoria -sin duda- de grandes avances y conquista paulatina de derechos. Desde el voto de las mujeres, a la legitimidad de los pueblos en sus luchas contra la opresión de los nuevos Estados, los que en la mayoría de los casos, levantaron su mano contra sus propias naciones. El hombre conquistó la era espacial, pero perdió la guerra contra la discriminación; un siglo en el que convivió lo mejor del espíritu humano junto a las grandes brechas de la codicia y la concentración. Una época brillante y oscura.

 

A casi veintidós años del nuevo milenio, viejas y nuevas cuestiones preocupan a la humanidad, como son: restablecer el derecho de los seres vivos a la existencia, restablecer el derecho de todos y todas a una vida digna, humanamente sostenible, el derecho de la Madre Tierra, el derecho de las mujeres a ser protagonistas de su propio destino, el derecho de las minorías a expresarse, la sostenibilidad del medio ambiente, la democracia más allá de la participación formal. El derecho a la educación, a los sistemas alimentarios locales y a los servicios básicos. Un nuevo orden que asegure derechos como bienes comunes de la humanidad, con una práctica constante, activa y que atraviese y por lo tanto defina a la democracia.

 

El advenimiento del Siglo XXI renovó las esperanzas y luchas por nuevas demandas en pos del bien común. Se hizo claro que las políticas neoliberales, a diferencia de sus defensores, no escribieron ningún capítulo de la historia relacionada con la consagración de derechos, sino por el contrario, con el pretexto de achicar al Estado, las naciones perdieron su derecho al bienestar agudizando las brechas sociales de todo orden y precipitando a la humanidad a la catástrofe.

 

Para algunos, atrás fueron quedando las revoluciones y las utopías para dar paso a un mundo más utilitario, descarnado, regido por una nueva religión, la tecnología. La satisfacción inmediata dio paso la reconfiguración del mundo de la mano de un comercio, que lejano muy lejano a las reivindicaciones de vastos sectores de las sociedades, sirvió para la perpetuación de la injusticia y la expoliación de los pueblos.

 

 

La Cátedra Waldo García, la Vida al Centro, forma parte de un proyecto para la construcción de un espacio que pone a disposición de la ciudadanía experiencias, métodos pedagógicos, recursos didácticos con el objetivo de contribuir a la construcción de una comunidad internacional solidaria, responsable, humana y comprometida con el futuro del planeta siguiendo el pensamiento y obra de quine inspira esta acción colectiva.

Para ello se plantea los siguientes desafíos:

  • Entender las transformaciones que se operaron los últimos siglos con el fin de definir nuevos paradigmas para el siglo XXI.
  • Inventar una nueva forma de gobernanza ciudadana que supere los esquemas ideológicos actuales y permita reconsiderar el Estado, la sociedad y la democracia.
  • Comprometerse con la formación de ciudadanía para el beneficio de la comunidad, sin basarse en la óptica del mercado.
  • Facilitar la comprensión de las relaciones que existen entre nuestras vidas y las de las otras personas.
  • Desarrollar las capacidades de los actores sociales para hacer frente a los cambios inherentes a la globalización y ayudarles a presentar propuestas de acción local.
  • Encontrar un equilibrio sobre las maneras de intervenir entre los niveles locales, regionales e internacionales y de articular las formaciones entre lo local y lo global. Una Cátedra orientada hacia la comunidad local y el mundo, universalizando las experiencias y luchas de los pueblos por la vida y sus derechos.

 

Valores

La ética se encuentra en el corazón de la Cátedra, pudiéndola descomponer en cuatro grandes orientaciones: La responsabilidad o la capacidad de formarse y hacer elecciones que mejoren la vida de la ciudadanía. La interdependencia, que nos percibe como seres distintos, pero profundamente unidos y dependientes en la sociedad-mundo. La convicción, que aboga por la defensa de la vida, de la dignidad humana y del libre albedrío como motores de cambio. Y la confianza, o la capacidad de trabajar de manera colaborativa, en red, coproduciendo inteligencia colectiva.

 

A través de estos componentes éticos, pretende promover, como valores, el reconocimiento de la dignidad humana y la promoción y defensa de la vida; la libertad, el espíritu crítico, la tolerancia y la vigilancia hacia toda forma de fanatismo; la educación para la paz, para la gestión de los conflictos, la diversidad, el respeto y la gestión de las diferencias, el diálogo y la cooperación; la ética de la responsabilidad, entendiendo que la universidad debe estar de acuerdo con las preocupaciones de todos y todas, comprometiéndose al servicio de la comunidad y defendiendo que los productos de la universidad son públicos; y, al fin y al cabo, promoviendo la unidad en la diversidad tomando conciencia de la interdependencia de nuestras sociedades.

 

Así como algunos niegan la posibilidad de nuevas realidades basadas en derechos, así también en todo el planeta se han levantado nuevas voces que reclaman un orden en el que impere la dignidad de todos los seres vivos. A esas voces, respondemos desde nuestro espacio local mediante la organización y puesta en marcha de la Cátedra Waldo García, Derechos de la Vida, la que declara como principios:

 

Principios

 

  • Reconoce a todos los seres vivos como sujetos de derechos.
  • Busca la creación colectiva del conocimiento.
  • Reconoce la dignidad de las luchas de los pueblos y nacionalidades sin exclusión de ninguna naturaleza.
  • Busca gestionar, difundir y proyectar el pensamiento sobre derechos como bienes comunes de la humanidad.
  • Contribuir a la acción político ciudadana para la transformación personal y colectiva, desde lo local a lo global, del planeta situando a la vida como centro de la acción.

 

Objetivos de la Cátedra

 

  • Contribuir al diálogo de todas las partes interesadas en el cambio de las estructuras tradicionales de confrontación y exclusión.
  • Mantener y difundir el pensamiento sobre derechos – bienes comunes de la humanidad, enriqueciendo la comprensión de la democracia, la participación activa y la toma de decisiones colectivas e individuales.
  • Educar sobre las nuevas realidades e inflexiones planetarias como desafíos locales y globales.

 

Organización

 

  1. Descansa sobre la acción colectiva.
  2. Se desarrolla a través de una coordinación rotativa.
  3. Se enlaza con los movimientos y organizaciones sociales, recibe y procesa sus demandas.
  4. Crea un Comité editorial.
  5. Publica reflexiones propias y de terceros.
  6. Se expresa a través de redes y puede acceder a publicar de manera impresa.
  7. Organiza conversatorios, cursos, seminarios y diplomados.